miércoles, 20 de mayo de 2009

Supongo que la promesa jamás se cumplirá y seguirás vagando entre los estatutos de la ocasión. Y esos perros ladradores harán que el asunto se prolongue y todo se esfumará. Como esa avenida de las pesadillas y esos autos cargados de terror. Como dicha de saber que la soledad es una hembra inalcanzable y que el acierto no es más que una arbitraria confusión. Sin nombrar esas noches de vinagre entre esperas y silencios. La sintaxis es confusa y alguien se sacará el sombrero para orinar. Es como en esas novelas latinoamericanas donde los personajes son un escape y la lectura una ilusión. Entonces el tipo dice que el amor es otra cosa y sólo se dedica a escribir. A veces fuma unos cigarros espantosos y lo hace en la oscuridad. Sin remordimientos. Hasta el final.
Negro el once.
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1 comentario:

Alfonso dijo...
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