miércoles, 29 de abril de 2009


Es que.
como dijo el escritor: “la palabra zapato jamás levitará”. Y dudo algún día poder sentarme toda una noche frente a una mesa de trabajo y volcarme en la escritura como quien quiere hacer rebalsar una piscina con un balde de agua. De acá en más esos artículos merodeadores y los monólogos académicos de esos sabuesos que cenan en Belgrano R. Y una mujer que te visita y te dice que busque en mí lo esencial.
Es tarde, deben ser como las cuatro de la mañana, y pienso el acto de escribir como un camino solitario donde se encuentran compañeros casuales de trincheras. Y como también dijo el escritor: “es horrorosa la belleza”. Y las pautas acordadas. Debe ser mi intolerancia. Ya me lo dije. Y por qué no repetir hasta el cansancio que hay que leer los Detectives salvajes más de diez veces para acercarse al pulso luminoso. Y me acordé de Mario Levrero y de la sorpresa que me causó haber terminado, en dos noches, su Novela luminosa y entender muy lejanamente que el escritor es un ser maldito. Escucho los aullidos de los perros de Bignozzi. Deben ser negros y asustadizos. Es más: cerca del parque Saavedra me encontré con uno que vivía detrás de un volquete de escombros.
Basta con salir a caminar en plena madrugada y levantar los tornillos de las vías. Aunque en la distancia todo parezca el reflejo de una farsa.
Y ese escritor me dijo en un sueño: “Andrés no te hagas puré”.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

y la palabra excusa jamás aportará una solución a un conflicto. La esencia puja por salir, hay que dejarla ser, pensás lo mismo?

los perros románticos dijo...

totalmente!!! en mi caso no sabés cómo estoy trabajando en eso. Basta de excusas!!!

Alfonso dijo...

"compañeros casuales de trincheras" me gustó eso, hay muchos conocidos que no son más que socios bélicos ocasionales