domingo, 26 de abril de 2009

Ellas hablaron de la materialidad extendida en el mundo de hoy. Del varón que brinda su apoyo rotundo, del compañero. Ellas acentuaron que a cierta edad hay que tener por lo menos algo más que la edad. Había algo para beber y estábamos en una casa alejada de la ciudad. No sé cuántos éramos. Es decir: en toda reunión siempre hay un pasado intangible que habla. Alguien me dijo que esto lo iba a escribir. Claro: lo que escribo jamás será lo que fue. Pensar un recuerdo es simplemente un ejercicio gramatical. Ellas acariciaban a sus parejas y esas parejas eran recíprocas. Había una ventana sin vidrios y un perro negro que iba y venía. Y muchas cosas más.
En cierto momento me levanté y salí al jardín. La noche estaba calma y detrás de la escena había un murmullo inaudible. Él preparaba un trago en la cocina y pude imaginar el amor que sentía por esa mujer. Será así.
En el afuera el silencio decía otra cosa. Miré las estrellas y prendí un tabaco.
En el piso de arriba dos niñas jugaban como niñas. Atrás el miedo, ese monstruo que los grandes no sabemos disfrazar.

2 comentarios:

mariana dijo...

me gustaaaa
te quiero muchos
Mariana

Anónimo dijo...

Muy bueno Hermano