miércoles, 22 de abril de 2009

Claro. El tipo fuma detrás de un escritorio. Es tarde y alguien camina por la calle indiferente. El tipo se llama de algún modo y tiene un trabajo que nadie envidia. Vigila una torre de oficinas en la calle Esmeralda. Alguien lo saluda y sus gestos son siempre los mismos. Una invisible mueca que le permite seguir viviendo. Así las madrugadas se pasan entre mates y revistas con noticias viejas. Hay ciertos culos atractivos en las fotos y a veces una mujer aparece y el cansancio se posterga. Después saluda a su relevo. Camina diez cuadras hacia la estación Retiro y casi nunca se fija la hora en el reloj de aquella torre. El tren se demora y antes de subirse al vagón mira el andén como si fuera la última vez.
Así hace veinte años.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No caigamos nunca en eso
hermano de jardin