jueves, 30 de abril de 2009

Es.
Esa mujer de la foto. Con alguien al lado de dientes blancos. Esos ojos detrás del testigo. Rasgos de un fantasma recíproco. Y la pantalla de una PC que habilita el hurto. Y PC no es “partido comunista”. Entonces el tipo la abraza y hacen la chanchada. Y tiene el dedo ágil. Ella cierra los ojos y gime. El tipo saca el revólver y los disparos se escuchan desde lejos. Duele de cuclillas. El tipo insiste. Lo que predomina es la cordura y esa botella no llega a la Z. El derramamiento es entre el ojo y la mueca.
No hay perdón entre “bárbaros Atilas”.

miércoles, 29 de abril de 2009


Es que.
como dijo el escritor: “la palabra zapato jamás levitará”. Y dudo algún día poder sentarme toda una noche frente a una mesa de trabajo y volcarme en la escritura como quien quiere hacer rebalsar una piscina con un balde de agua. De acá en más esos artículos merodeadores y los monólogos académicos de esos sabuesos que cenan en Belgrano R. Y una mujer que te visita y te dice que busque en mí lo esencial.
Es tarde, deben ser como las cuatro de la mañana, y pienso el acto de escribir como un camino solitario donde se encuentran compañeros casuales de trincheras. Y como también dijo el escritor: “es horrorosa la belleza”. Y las pautas acordadas. Debe ser mi intolerancia. Ya me lo dije. Y por qué no repetir hasta el cansancio que hay que leer los Detectives salvajes más de diez veces para acercarse al pulso luminoso. Y me acordé de Mario Levrero y de la sorpresa que me causó haber terminado, en dos noches, su Novela luminosa y entender muy lejanamente que el escritor es un ser maldito. Escucho los aullidos de los perros de Bignozzi. Deben ser negros y asustadizos. Es más: cerca del parque Saavedra me encontré con uno que vivía detrás de un volquete de escombros.
Basta con salir a caminar en plena madrugada y levantar los tornillos de las vías. Aunque en la distancia todo parezca el reflejo de una farsa.
Y ese escritor me dijo en un sueño: “Andrés no te hagas puré”.

domingo, 26 de abril de 2009

Ellas hablaron de la materialidad extendida en el mundo de hoy. Del varón que brinda su apoyo rotundo, del compañero. Ellas acentuaron que a cierta edad hay que tener por lo menos algo más que la edad. Había algo para beber y estábamos en una casa alejada de la ciudad. No sé cuántos éramos. Es decir: en toda reunión siempre hay un pasado intangible que habla. Alguien me dijo que esto lo iba a escribir. Claro: lo que escribo jamás será lo que fue. Pensar un recuerdo es simplemente un ejercicio gramatical. Ellas acariciaban a sus parejas y esas parejas eran recíprocas. Había una ventana sin vidrios y un perro negro que iba y venía. Y muchas cosas más.
En cierto momento me levanté y salí al jardín. La noche estaba calma y detrás de la escena había un murmullo inaudible. Él preparaba un trago en la cocina y pude imaginar el amor que sentía por esa mujer. Será así.
En el afuera el silencio decía otra cosa. Miré las estrellas y prendí un tabaco.
En el piso de arriba dos niñas jugaban como niñas. Atrás el miedo, ese monstruo que los grandes no sabemos disfrazar.

sábado, 25 de abril de 2009

Es decir. Quedan pocos amigos y las rodillas crujen en la octava cuadra. Esa mujer no es aquella y los rostros son como esos toboganes de aquellos areneros ilustres. Nadie te cuida del frío y la sensación de libertad es transitoria. Antes pensabas que la memoria era un templo de marfil. Hoy por hoy solo hay chozas y objetos obsoletos. Quién sabe qué te deparará el destino.
Eso si: todavía hay cosas que te hacen reír.

miércoles, 22 de abril de 2009

Claro. El tipo fuma detrás de un escritorio. Es tarde y alguien camina por la calle indiferente. El tipo se llama de algún modo y tiene un trabajo que nadie envidia. Vigila una torre de oficinas en la calle Esmeralda. Alguien lo saluda y sus gestos son siempre los mismos. Una invisible mueca que le permite seguir viviendo. Así las madrugadas se pasan entre mates y revistas con noticias viejas. Hay ciertos culos atractivos en las fotos y a veces una mujer aparece y el cansancio se posterga. Después saluda a su relevo. Camina diez cuadras hacia la estación Retiro y casi nunca se fija la hora en el reloj de aquella torre. El tren se demora y antes de subirse al vagón mira el andén como si fuera la última vez.
Así hace veinte años.

lunes, 13 de abril de 2009

En la oscuridad hay bares que no cierran jamás y extranjeros para escuchar sus penas. Dicen que en la oscuridad no hay tiempo y que la nieve también se derrite sin sol. No sé si fue un filósofo francés el que dijo que el tiempo no era nuestro y por este sutil motivo no lo podemos dar. La oscuridad entendió esta parte del discurso.
Los que habitan la oscuridad tienen nombres impronunciables y viajan en los vagones de carga de los trenes. Leen a escritores desmemoriados y fuman en largas pipas de ébano.
No te confundas con la mitología clásica. Menos con los duendes o los vampiros.
Son seres que cierran los ojos antes de que el día los sorprenda.

domingo, 12 de abril de 2009

Entonces la cosa empieza tarde. Pasillos acústicos. Paredes grises. Nadie conoce al que viene. Tampoco al que se va. En ese ir y venir el cuerpo es interrogado. Los años pasaron por las mandíbulas y hoy por ayer el cuadro es lo imaginario. No sé si tarde es una palabra para definir un estado de espera que no reposa en un hecho físico. Es otro modo de nombrar la errancia.
Es que a las tres de la mañana el gusano no es una mariposa y algunas voces ahuecan el asalto y hay estatutos que no se pueden nombrar.

viernes, 10 de abril de 2009


Extraña. La historia de un tipo que se despide sin saber que el asesino esta detrás. Como un búho atornillado en la cabeza del destino. También la mirada y el horror al ver que todo está en el mismo lugar y que ese lugar es otra cosa. Un domingo sin fin. Y esa mujer que se va como si fuera un pañuelo trenzado al sol. Entonces los espacios son insuficientes y lo único que te queda es escribir. Vuelven las tardes en la pensión de Palpa y la gallega que te decía algo sobre los enchufes. Estaba la máquina de escribir y la heladera repleta de artificios. Las puertas eran firmes y las llaves colgaban de un tablero. No había teléfono y la cocina era de todos. Hasta que a la media noche el portero se dormía y entraban esas mujeres que perdonaban tus maleficios. Así hasta la eternidad que es un segundo entre lo dado y lo vivido, entre el vaso y la garganta. Las luces eran tenues y casi podías adivinar quién subía a la terraza.
Claro, nada de eso sucedía en el mundo. Sólo detrás de un mostrador y a los veinte años.

sábado, 4 de abril de 2009


No sé quién tiró la primera piedra. La última rompió la certeza del rostro. No hay mayor oscuridad que tu incendio. Pienso en los llamados poetas, en esos hombres valientes que luchan entre palabras y corchetes. El camino es un disfraz. Así el impulso del primer acto, esa flecha que jamás regresará. Lo que llega es otra cosa. La vida nos pierde cuando dejamos de nombrarla. Qué es el nombrar. El poeta me sugiere la lectura y el pesar del umbral. El bosque siempre es un otro tras de mí. Y no sé qué me digo cuando interrogo lo dado. Una mujer se abre al mundo como un enigma. La trampa está en el abandono.
Me siento a escribir y a balbucear entre eso que la memoria me dice que fue. Será. De ahí que el perro cruza la calle sin mirar atrás. Entre tanta confusión el rol es lo que me permite servir a un gran amo redentor. Entonces las categorías son triángulos equiláteros y el sentido, un manual del porvenir. El poeta es un crispar silente y extraño. Una reunión entre la belleza y el horror.

Allá el testigo que todo lo ve y estará presente en el funeral.

viernes, 3 de abril de 2009


En relación a la bebida y a la mujer que borró la dedicatoria del amor. Esa mujer es un conjuro gramatical y el amor es una patología del deber. Hombre triunfante. Tus ingresos son suficientes para arreglar tus caries. Sonrisa del mañana. Entonces tu departamento tiene una alfombra peluda y hay luces exóticas que iluminan la soledad y en tu cama hay hombres y apellidos y algunos son parte de la escena. Y las mañanas huelen a café y no sé cómo escribir. Hay cierto tipo de langostas que mueren al amanecer. En los bares de chacarita hay mujeres desdentadas que te la chupan por siete pesos y alguien dijo: “esto es la belleza” y no leyó a Kant. . Un auto se detiene y dos hombres me invitan a subir. Atrás hay tres pistolas PT- 90 y sé que un día te alejarás y la cosa se perderá entre el desierto y la interrogación.

Este año me propuse leer la obra completa de Stendhal.

C ontadas veces los vi juntos. Tanto el uno como el otro conservaban una apariencia de hermanos. Había algo en sus cabezas... Siemp...