viernes, 27 de marzo de 2009


Cristo detrás de la puerta. Esa mujer baila como si fuera la última noche. En el desierto de Sonora muere un perro apaleado. Pocos anotan la consigna. Porque el euro es una cosa y el dólar otra. Así el amor. La mesa cuadrada de un bar y las calles que anteceden la palabra. El por qué de la rutina y el descanso tácito de los viernes. Hay cenizas en el libro y el poema de Bukowski habla de pensiones y cervezas. Hay cuatro vasos. Y tu mujer tiene un vestido floreado. Algo te dice que la noche es un hormiguero y todo sale por la ventana. Hasta las arcadas que transitan en el baño. Y tu cola tiene celulitis. Las balas son sujetos de objetos directos. Alguien se encierra en tu garganta y no sabe qué hacer. La muerte es un paredón. Detrás, la situación común de los objetos. Domingos cómplices y un testigo que se fuga entre los dedos.
Entonces la pregunta es inevitable.

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