jueves, 12 de marzo de 2009

La persona duerme mal. Ignora las reimpresiones de ciertos libros. Abandonó a un perro que encontró en Taylor, Texas. Tiene un amigo que ve poco. Extraña a K.L. La persona vivió en una casa en Villa Pueyrredón. Un espacio abierto al desconcierto. Ya no hace el amor en penumbras. Goza. Trabaja lo suficiente para sobrevivir. Tiene algunos recuerdos perturbadores. Bajo otros parajes lo llamaban por su primer nombre que es enigmáticamente el segundo nombre de su padre. Escribe una novela indescifrable. Es la cuarta o la quinta. Cree en el término de las cosas y en los sucesos que castigan a los criminales. Detesta las oficinas y las decisiones estadísticas. Se aburre prematuramente. Cuando era un niño tenía un pizarrón y ejecutaba fórmulas matemáticas. El primer poema que leyó fue “Cristo en la cruz”. Repite: “…los pies tocan la tierra”.
La persona es melancólica. Pensó en el suicidio y en la cobardía. Tiene un escritor canónico. Casi discute con él en silencio. Fuma. Aborrece la compañía. Puede decirse que ama la soledad pero busca fervientemente a otros. Años atrás su sentido del humor -que fue perdiendo día a día- fue una de sus grandes virtudes. Anhela desaparecer en una ruta salvaje. Lejos. En un lugar sin nombre. En la novela que esta trabajando el protagonismo lo tienen las cosas. Hay diálogos. Frases incoherentes. Espejismos.
La persona se considera detestable. No sabe bien a qué se refiere cuando dice o escribe esto. Estima que todo queda entre paréntesis. Su perro se llamaba Cleopatra.
La persona tiene la costumbre de caminar por los cementerios. Besa las estampitas de los santos. En otro poema encontró su gratitud: “Cuando Lisa me dijo que había hecho el amor con otro…” Se aleja. Sabe que este texto es un espanto. Sabe que alguien lo leerá y sentirá lástima. Qué más. Esa noche (en la volvió a sentir ese desgarro en el pecho, en la bebió de más o de menos, en la que se sentó con furia a escribir) pensó en la estupidez de buscar el éxito. Hay atajos. Calles en los mapas de Austin. Hubo lluvias. Torpezas.
El personaje está obsesionado con los puentes, los revólveres plateados, el sexo sin preámbulos, los detectives.
Otra mujer le mostró un rancho en un pueblo y ese pueblo es parte del enigma. Había ventanas verdes y mosquiteros rotos. Así el adiós y las profecías de los asesinos.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encanta lo que escribis, pero con este ultimo relato, la verdad, es que me quedé preocupada. Vuelvo a preguntar: Sos Feliz?
A.M.

los perros románticos dijo...

A.M no sé sí soy feliz todo el tiempo seria muy aburrido. Los contrastes hacen que todo marche de cierta forma. Así los binomios de la felicidad infelicidad o progreso estancamiento tienen a saltar los alambrados de la realidad.

saludos.

Anónimo dijo...

Uno puede no estar todo el tiempo feliz, pero diferente es leer que pasó por tu cabeza la idea de no existir mas...si es que no leí mal..
Al leerte puedo percibir cierta soledad mezclada con angustia...más alla si es ficción o realidad, que para el caso es casi lo mismo, ya que en toda ficcion hay algo real, sino no existiria.
Un fuerte abrazo de alguien anonimo que te va conociendo por tus escritos.

los perros románticos dijo...

Gracias por tu lectura tenés razón cuando escribís que toda ficción tiene algo de real pero toda realidad tambien es una ficción. Abrazo Anónimo.

los perros románticos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.