miércoles, 18 de marzo de 2009

Es un poco más sencillo: comprar un juego de muebles. Medir una mesada. Acomodar un sillón. Son esos actos anónimos que nos hacen sentir útiles o tal vez protagonistas por unos segundos de la escena. Pero la cosa pasa por otro vértice. Y no sé cómo definir la cosa y el vértice pero esta tarde alguien entró en la librería y me preguntó “sí conocía filósofos que hablen del sentido de la vida”. Los hay. Y muchos. O los suficientes para hacer de un texto un sistema ortodoxo de metáforas o para agrupar en la literatura universal a dos o tres escritores “interesantes”. Qué estupidez. Eso de ser “interesante”.

Texto uno: el tipo nació en Suecia y aprendió el español en Barcelona. Escribe una poesía que quiere desprenderse de Lautréamont. Hace el amor con una mujer que finge los orgasmos.

Texto dos: Establecimos un modo de comunicación en el cual el emisor es a su vez el receptor y el mensaje. Nada semejante a pintar con los dedos.

Texto tres: “4 de septiembre de 2006 el famoso personaje de la televisión australiana, Steve Irwin, conocido mundialmente como el “Cazador de Cocodrilos”, murió el lunes (4) en la mañana al ser punzado por una mantarraya durante la filmación de un documental en la Gran Barrera de Coral. Irwin tenía 44 años de edad.”


El texto es un organismo vivo en el que (siguiendo la topografía de Foster Wallace) las patas delanteras se asemejan a un cangrejo extraviado en un majestuoso plato sofisticado.
Y no supe qué contestar. Eso de los filósofos que dialoguen con la vida y con su supuesto sentido. Y eso de creer en la salvación. Y en ese dios poderoso creador del cielo y de la tierra. Y los hombres como sombras elásticas entre los dientes de un mostrador. Y así el polvo y la langosta juntos pero separados por la incoherencia de la palabra. Y qué hacemos con Heidegger.
En Texas escuchaba a Héctor Lavoe y no pienso escribir nada original y consecuente porque todo se me fue al carajo y esta noche titulé a mi nueva novela: “Y las balas llegaron tarde”

Texto cuatro: “Héctor Juan Pérez Martínez, más conocido como Héctor Lavoe (30 de septiembre de 1946- 29 de junio de 1993) fue un cantante puertorriqueño de salsa, conocido mundialmente como: "El Cantante de los Cantantes" (porque los cantantes bailan con su música) "El coqui de Puerto Rico" "El chico malo de la Salsa" y " Héctor Lavoe". Su estilo ha sido clasificado como "Salsa Brava…"

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Sobre el sentido de la vida, consúltese: "Sobremesa o fin del mundo"

Saludos,

R

los perros románticos dijo...

Excelente relato, un placer tu recomendación. Me equivoco esta en Parpadeos de Eloy Tizón.

Abrazo.

los perros románticos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

No se equivoca, un relato conformado sólo por 18 palabras, la disección del instante en el que uno advierte -entre muchas otras cosas- que es preciso quemar las naves.

los perros románticos dijo...

Terminé de leer el relato son 18 palabras apocalipticas. Una genialidad realmente.

saludos