jueves, 12 de febrero de 2009

Oh, Paris Paris

Ahí estamos él y yo. Frente a frente sin conocernos. En el medio hay un espacio que no se cruzará nunca, un espacio vaciado que tiende a lo eterno sostenido en hormigón. Tan al alcance de la mano. Uno del otro. Pero a penas. Podría asomarme por la ventana y alcanzaría a tocarlo. Reconocería sus gestos porque conozco su sombra.
Así estamos él y yo con las luces prendidas. Cada noche a partir de las nueve o quizás desde antes. Las horas urbanas se disimulan tras el discurrir de unas cortinas que parecen ser signo de buena educación. Las cosas marchan bien, hay plantas, vidrios limpios, todo parece nuevo, con efecto ostentoso. Un balcón expectante que queda grande a pesar del poco espacio.

Las paredes siempre esperan. La oscuridad nos aproxima ante un incierto paisaje de bocinas y ruidos de cocina. Esas exclamaciones nunca serán propias y sin embargo nos rodean. Alguna paloma pasará por aquí sin advertir diferencias y se irá lejos de estos murmullos y de aquellos que a penas hacen ruido para coger, de los gritos despiertos de clanes que sobreviven a lo cotidiano tendiendo la mesa y colgando las ropas en finos alambres oxidados que mantienen la comunión de los días chorreando miseria. Ese mundo es ajeno a nuestra individualidad.
Avatares de lo insignificante. La vida entre cemento bien pulido y pisos que crujen cuando llueve. Sin embargo las casas llenas de calor no lograrán expulsarnos.
Nadie se asoma a mirar este hueco. Ni siquiera aquel gato del segundo piso que solía alzarse hacia el cielo y se quejaba por no tener más aquel instinto para saltar corriendo. Yo tampoco. Cubrí mis ventanas para disimular las cuatro paredes que de verdad son cuatro.
Supongo que él no sabrá de mi existencia. Yo tampoco de la suya. ¿Vivirá solo? ¿Cuál será su nombre? ¿Que pensará de este vacío en el medio? ¿Escuchará esos perros nocturnos, esas voces que nunca tendrán forma? ... Sabrá que escribo cada noche sin quien a quien y que busco palabras con los ojos ennegrecidos y las manos llenas de humo. Los ojos sueñan que no volverán a quedarse quietos.
En mi historia yo estaba desde antes. Antes es la medida de un tiempo que no será este y que es sólo presente para otro. Si él supiera quiénes hicieron el lugar donde habita, la existencia de esa seguidilla de hombres desconocidos, gritones y apurados por irse, hombres fuertes debilitados por el esfuerzo y sin conciencia del dolor, tan pendientes de su hambre.

Esos hacedores de los sueños de los otros que llegan cuando ya está todo terminado y ese trabajo que demuele el cuerpo para construir el sitio de otro cuerpo, es ahora una casa, paredes, detalles,
baños, donde alguien dirá acá va la mesa, la biblioteca, mis cuadros, empezarán las quejas, la continuidad de los días, los coitos, el olvido.
Un lugar para que vivan los que creen que las cosas del mundo ya son propias si basta con lo pagado y quién sabe, nadie recuerda, cuáles eran las necesidades de esos tipos que se dormían sobre las bolsas de cal bajo el sol que hervía el vino y apaciguaba la sangre. Los vi día a día, interpretando órdenes sin apelación, torciendo la hernia, pensando: "alguna vez quizás... esto podría ser mío". ¿Quienes eran?
¿El les habrá pagado eso que hoy hace suyo y que fue un baldío oloroso y mudo, a penas ladrillos apilados ahora convertidos en un límite con el mundo, el lugar donde se empieza, se acomoda, se muere, donde alguna vez estuvo esa otra ilusión?
Habría que demolerlo todo otra vez, pero ya es tarde.
Ahora él ahí, yo dentro de una hoja, casas, lugares, confort para unos, estrés y baigón, nocturnidades sin consuelo. Parecemos felices.
Nos vemos sin sabernos entre personas que entran y salen. Así son nuestras vidas. En este espacio construido para que nadie llame a nadie, para qué, si vendrá algún otro mañana que manchará las sábanas, el colchón se dará vuelta, todo volverá a empezar, el ritual de los desconocidos y la ligereza, la charla previa, las incomodidades mal arrojadas. Cada uno a su lugar. Y de nuevo a la libertad, a sentirse libres de pedidos y de culpas, otra vez la misma trampa.
Nada perdura ni siquiera los pensamientos.
¿El sabrá de mi? Verá que lo que compartimos es a penas el silencio por instantes, un cielo que a penas vemos y que hasta lo creemos pequeño, dos soledades que se espían cuando no hay nada en televisión, nada de amor, ni de suspiros, ni de lágrimas.


Las luces se apagan otra vez y esta breve distancia entre él y yo siempre nos quedará lejos.



Laura Boiero.

11 comentarios:

Yo dijo...

Ay L. ... cuándo uno para mi?

Anónimo dijo...

Teléfonos que suenan en habitaciones vacías.

lula dijo...

white trash...

Anónimo dijo...

A veces las cuatro paredes pueden ser un laberinto infranqueable y la distancia más cercana la más lejana sin embargo a veces y sólo a veces la desesperación tiene el curioso don de salvarnos mejor dicho de consolarnos. Una cálida lectura, te adora, el primo.

The Vulcanos dijo...

Laurin...
Derrama belleza literaria.-
Es una instantanea de la vida... Simplemente me sumergi en el texto y me abstraje del resto...
Te admiro.

juan dijo...

Aca otro mas que se abstrajo totalmente de esta realidad y se fue a Paris por un rato.
Segui, segui, seguiiiii....
Sos lo mas!!!

Ramiro dijo...

Lo tuve que leer varias veces. No lo pude masticar. Se me atoró.

"Cubrí mis ventanas para disimular las cuatro paredes que de verdad son cuatro"

Esto está muy bien. Porque sí. No porque lo pensaste al escribirlo sino porque se pensó a si mismo, casi como que aprendió a respirar solo. De todo lo que te lei con anterioridad, "Oh Paris Paris" es lo mas bonito, lo mas vivo y posiblemente tambien lo mas triste que te conozco. Creo distinguir algunas inspiraciones nocturnas,medio macabras de tus lecturas últimas, si no me equivoco...

"Esos hacedores de los sueños de los otros que llegan cuando ya está todo terminado y ese trabajo que demuele el cuerpo para construir el sitio de otro cuerpo, es ahora una casa, paredes, detalles, baños, donde alguien dirá acá va la mesa, la biblioteca, mis cuadros, empezarán las quejas, la continuidad de los días, los coitos, el olvido."

¡Que justa descripcion de la plusvalia que desnuda el sinsentido de la vida en tanto "vida organizada"!. Esa vida que no puede respirar sola...
Después dejas caer un frase que por lo breve parece inocente pero acompañado del texto que la precede es un mazazo

"Parecemos felices."

No se que mas decir de esto. Ya lo dije. En realidad lo que escribiste me dejo tan sin palabras que me tuve que ayudar escribiendo lo tuyo, viste...
Un beso grandisimo, te quiero mucho

Ramiro

g. dijo...

lamejorescritoradelmundo

Martin dijo...

laura puse tu nombre en google y encontre esto !
te mando un abrazo ! y a andres otro.
esta bueno leerte pero tenerte es sublime !!!!!
suerte !!!

lula dijo...

martin?! no me digas...
serás vos?

Martin dijo...

ser o no ser !
soy martin puro corazon !
como me gustaria una cerveza y un perro !