viernes, 13 de febrero de 2009

No sé sí el olvido es oscuro como dice el tango. O sí el tango es olvido como dice lo oscuro. Alguien dice y otro escucha. O trata de entender de qué se habla. De esa paridad hablante (Ella cruza las piernas. Él intuye que ese acto es un espejismo) el habla “habla” detrás de lo dicho. Como un relámpago y un trueno. (Ella se acuesta con un vecino al cual detesta pero es la única forma que encuentra para distraerse. Él se masturba frente al espejo del baño y tiene fantasías promiscuas). Quien habla no es el sujeto sino la oblicuidad, lo obtuso de la lengua en el entendimiento. El Ser habla entre las rejas del lenguaje (Celan). Quien me habla es mi suceso eso que balbucea la palabra cuando se rompe. Un ruido sordo. Un estampido en la alteridad. (A Ella le gusta caminar descalza por la alfombra). Quien es escucha está en silencio. La escucha es lo que abre paso a la palabra. Antes de ser escucha el Ser se demora en el umbral del “entre” (Heidegger). Antesala del nombre. Posibilidad de abrazarse a la duda del existir.
(Él fuma cuarenta y tres setenta largos).
Mañana es temporalidad de un “antes” distraído en el hoy. Como la caverna fue mito después de ser partida. (Ella juega con un scrabble que no tiene zetas ni eñes).
Los sentimientos no hablan ni escuchan. Son estuarios de diálogos inconclusos. De ahí la espera o el consuelo. (Ella duerme desnuda y no paga las expensas de su departamento). Sobrevive el sentido de la prórroga. La fuga del goce en la fisura del adiós. (Él hace una llamada telefónica a las tres de la mañana. Las moscas verdes zumban antes que la muerte).

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