lunes, 26 de enero de 2009

Q será en diez años. Será como esas veredas colmadas de sol en donde todo pasa y nada queda. Será como esos vasos mal lavados. Como esos labios sin rubor. Será como el techo de una casa que nadie mira y las manchas de humedad dibujan sus sueños. Diez años o menos. Quién sabe. Es como esas bolsas de residuos que el basurero no levanta y los perros hocicudos olfatean con pereza. Esas moscas traviesas que traspasan los sueños. O como esos ojos que se cierran en la oscuridad. Será eso y más. Como en las películas con finales absurdos, como el confort de una cocina sin grasa. Como un café que se enfría en la mirada de un bar. Será una anécdota de diván. Una catarsis y la presbicia de un suceso. Aquí en este ahora el será es una posibilidad de nombrar esta tarde que transita en una ciudad sin tiempo. Como la memoria del primer beso allá lejos en un pequeño departamento. Será una persecución policial y los ladrones volverán a asaltar tus pesadillas. Habrá dinero y rutas. Habrá una mujer que te estará esperando en la clandestinidad. Habrá otros hombres con sus macabras anomalías. Un pie en la orilla de un río. Una disparo en la madrugada. Un tejado con aleteos de palomas. Ropa amontonada en un rincón. Esa abundancia que reemplaza al amor. Y esos hombres dejarán el desierto y se convertirán en serpientes. Y nuestros hijos nos preguntarán algo. Y la respuesta será un espejismo. Como esa cara que te mira en el espejo. Como esos sustitutos que se agregarán a las fiestas. Así será y pocos sabrán lo que no dijimos. Habrá siempre errores de ortografía y abandonos.

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