viernes, 30 de enero de 2009


No hace falta leer todos los cuentos de Arlt basta con “Las fieras” y alguno más. Tampoco conocer Praga o rezar. Hoy mi vecina se descompuso y se la llevaron en una silla de ruedas. Pálida. Casi sin aliento. No sé sí habrá leído esos cuentos o sí habrá soñado con un palacio en París. La cargaron como a un vacuno y su mirada estaba en otro mundo. Yo detrás espiando por una mirilla. Abriendo y cerrando las branquias. Su hijo enojado como el camillero que miraba el reloj. Dónde. Quién era quién. Quién fue el primer impostor. La muerte tiene mil caras y una pregunta. Como el amor. O como esa mujer amarillenta que se pudre en las pesadillas de las carnicerías. Eternas plagiadoras del tormento. Otro folio para los archivos anónimos de la ciudad. Una rata acorralada por los cables telefónicos.
Saltar al vacío y llorar.

3 comentarios:

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

Parece Alexis Sobol este