domingo, 18 de enero de 2009



No estás. Ni estaré. No habrá recompensa para los sheriff del lejano Oeste. Y esa mujer seguirá teniéndole miedo a los trenes. Como yo le temo al amor. Como hoy te confieso que dejemos las cosas así. Trémulas. Sin puntos ni comas. Dejemos que otros tomen nuestro lugar para seguir fingiendo lo que es. Eso o más. La astucia de volver antes de la lluvia. Dejemos que Lisa se oculte en los poemas de Bolaño y que los perros mueran sobre los puentes. Así como quien no quiere verse viejo en el espejo. Dejemos que se manifieste lo ausente, el cobarde de traje blanco, la fuga y el consuelo del perdón. Seamos eso nada más. O empecemos de nuevo. Desde otra orilla. Desde otro llanto. Hasta las cenizas. Hasta que el diablo diga basta. Cuando era chico tenía una bicicleta “aurorita”, una perra que se llamaba Samanta y un placard con muchos escondites. Digo esto y más. Porque decir es curar, porque cuando “digo” te veo acá cerca, sentada en mi cama esperando un café.

No hay comentarios: