lunes, 12 de enero de 2009


La relación entre las cosas es su anulación. No existen como tal, son un recuerdo o algo así. Escribir es un acto inútil como la espera, el cansancio y el perdón. Me dedico a dormir, beber, leer, ser inútil y comer. Espero que lo anónimo se apodere de mí. Nada más. También fumo y evoco lo que ya no está: lo anulo.
Ayer caminé horas desde un lugar a otro y pensé que haber hecho (o no) tal cosa no condiciona nada y que la ilusión de lo presente es frágil como la desilusión de lo futuro. Hablé con esos fantasmas en voz alta lejos o cerca de todos los sitios y de todas las miradas aunque ellos miraban y no veían. Nadie puede decir qué hacer entre estos márgenes. Sólo escribir borrando. Paso las tardes tirado en la cama como podría pasarlas en Roma o en Avellaneda, enciendo una pipa tras otra y me veo reducido a nada. Es una elección como quien decide viajar o amar a cierta mujer.
Sé que esto es un absurdo pero no me importa. Tampoco ir a buscar lo que fue y será. Prefiero ser un cobarde. La valentía es para los ilusionistas. También me encontré con personas que no había visto en años y hablamos y hablaron y me mostraron las fotos de sus hijos y de sus nuevos novios. Escuché y me alegré por ellos y por todos. Les conté lo suficiente para abrir un par de botellas de cerveza. Hubo risas, miradas de rencor y sobre todo silencio. Después tomé un tren, viajé dos horas, crucé puentes, miré el reloj, estornudé y me sentí un merodeador de lo dado.
Así es. O no sé cómo es pero escribo desde la inutilidad y la permeabilidad de miradas y palabras que jamás podré olvidar. Ronda el tema de la codicia, de la relación con el dinero y lo material. Esos sótanos entre los gestos.

1 comentario:

mariana dijo...

Te leo y te quiero mucho....me siento feliz....creo que eso es bueno....? Por salir del anonimato, por compartirte orgullosa con los mios y sentirte uno mas de ellos....