lunes, 19 de enero de 2009

Intentos inútiles de escribir. Sueños recurrentes: una mujer ensangrentada pide ayuda y nadie responde. Una patrulla persiguiendo mi clandestinidad. Calor. Frío. Ataques de desesperación. Recuerdo: ella de espaldas. Sus dedos sin uñas. Recuerdo dos: una mesa repleta de libros. Un gusano negro comiéndose las hojas. Páginas en blanco. Café uno. Café dos. Café tres. Palabra: lejos. Palabra dos: atrás. Pregunta: por qué nuestra estupidez. Pregunta dos: será que otros borrarán el don de habernos amado.
René Char: “Nos parecemos a esos sapos que en la austera noche de la ciénaga se llaman sin verse, doblegando a su grito de amor toda la fatalidad del universo”. Hoteles.Camas vacías. Rutas. Alambres tendidos en la mirada. Esas cosas que no se pueden explicar. La espera fútil. Esos domingos en los que no sabemos qué hacer. Ayer caminé por las calles de San Telmo. Hoy me atravieso con un tenedor. No te encuentro. Suena el teléfono. No atiendo. Plano principal: una cama, una silla y una mesita de luz. Un cuadro. Ella desnuda abre las piernas suavemente. Él entra en esa suavidad y se siente en casa. No necesitan nada más para ser felices. Palabra cursi: “felices”. Plano secundario: los terceros. Los testigos sordos. La falsa codicia. El oficio de la fuga. La ventana mal cerrada. La cobardía. El sufragio de los muertos. Los fantasmas. Las sirenas encadenadas a la risa.
Otro sueño frecuente: Escucho el llanto de un niño. Yo. Tú. Él. Nosotros. Estoy en un pasillo oscuro. Tiemblo. Será así la muerte. Una voz emerge de las paredes. Me pierdo. Me abismo. La caída no tiene fin. Se enciende una luz.
Alguien dice: Andrés por acá.

No hay comentarios: