viernes, 30 de enero de 2009

El trip es para el Norte y las palabras se conjugan en presente como los Santos de la vieja alameda. Así el hombre esconde la cicatriz en el rostro de la mueca. Detrás del vaso y el espanto. Fueron diez o veinte los tipos que te hicieron el acto o muchos más. Treinta o cuarenta las palmadas en el muslo, las acrobacias del malabarista, las consecuencias de la broma, las campanadas de esa iglesia abandonada. Cincuenta o sesenta, los ensayos y las sombras, los pasadizos secretos, los discursos del mandatario, los claveles y las viudas. Contar hacia atrás enumerando lo dicho y las desgracias ajenas como cuando éramos más jóvenes e ignorábamos las consecuencias del abuso.
Hasta que una mujer te abraza con sus binomios cuadrados perfectos, hasta que esos labios muerden el teorema de Mileto. Y el temblor es oscuro como el vientre del batracio y pocos son los auténticos matemáticos.
El trip es para el Norte. Nunca el Sur y la comedia.

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