jueves, 11 de septiembre de 2008

Una luz se enciende en la oscuridad. Alguien camina ajeno a todo y se pregunta qué hora es. Nadie contesta. Hay un cierto asombro volando sobre la tristeza. Una mujer abre sus piernas y sabe que allí esta el grito de su desesperación. Un hombre ansioso penetra la carne de ese instante. Todo fluye, todo confluye en un ida y vuelta sobre si mismo.

Anochece y el balcón esta protegido por supersticiones inocentes.
Todo fragmento se pregunta por un dios. El diablo es otra cosa.

¿será?

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