jueves, 4 de septiembre de 2008

Alguien busca en la oscuridad una cabina telefónica. Es de noche y las monedas alcanzan solo para marcar un número. Alguien cruza la calle y un perro ladra a lo lejos. Hace frío. Hay un árbol caído entre las vías del tren. Ese hombre se rasca la cabeza y tal vez, llore imaginando lo que nunca fue. Los sapos saltan en la oscuridad y esa oscuridad adquiere, por un instante, el movimiento de un destino. Nadie atiende y esa ausencia es arbitraria.
Atrás, se enciende un cigarro.

¿Hacia dónde?

2 comentarios:

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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