viernes, 26 de octubre de 2007

reencuentro‏

La encontré en los pasadizos de Wal-Mart. Ya la había visto y quise escapar. Sentí que no estaba preparado aún para verla otra vez. Para hablarle. Para mirarla. Además estaba sudado y lo que llevaba puesto fue lo mas horrible que me he puesto en mucho tiempo.Pero ella estaba radiante con esas ropas deportivas. Una camiseta verde aqua ceñida al cuerpo y unos pants stretch negros hasta la pantorilla dibujaban su cuerpo de sirena. Sus aletas eran dos Reeboks exquisitos.“Arturo Morales Romani, no lo puedo creer, después de tanto tiempo”.Ya no podía hacerme el tonto. Voltee sorprendido, como si fuera una sorpresa. La vi de cerca, con un brazo extendido que me invitaba al abrazo. Ese abrazo que tantas veces le pedí antes y con el que me sentía tan cómodo y hasta protegido.Estaba bella. Sus ojazos enormes, vivos, traviesos y su pelo negrísimo y lacio. Mas delgada pero siempre tan sensual. Una imagen tan nítida de mi pasado que contrastaba con mi presente turbio y espeso.Entre las últimas frases que nos dijimos destaca esta: “Cuando nos volvamos a encontrar, que todo sea como ahora” (como en ese entonces). Y así fue. Casi no pude hablar, estaba demasiado emocionado y se lo dije. Se rió.Un impulso me hizo pedirle otro abrazo, acaso aprovechando la confianza enorme y profunda que alguna vez nos tuvimos. Me lo dio. Reía. Dios mío, recordé cuánto la quería y qué mal me porté con ella. Estuve a punto de quebrarme. Casi me pongo de rodillas a suplicar que me perdone los desplantes del pasado. Pero mi orgullo pudo más y quedé estático, mirándola con tanta nostalgia.Hablamos de generalidades. Ahora está casada y es feliz. Le va bien como agente de bienes raíces. En dos o hasta tres ocasiones hizo comentarios sutiles sobre nuestro pasado, pero no completé la travesura para no malograr el momento. El hombre vulgariza toda la poesía que representa la mujer.Sentí que el tiempo retrocedió hasta esos últimos días de abril del 2004. Nos despedimos bien, pese al dolor que causa la ruptura, la inminente separación, la ausencia y el silencio que vendrían.“Te deseo lo mejor”, nos dijimos aquella vez, días antes del final. Ahora sé que perdí algo importante por nada. Pero así es el azar. La quise mucho y nunca le dije cuánto. La perdí por cansancio, por no decidirme, por no decirle que lo nuestro podía tener futuro o alguna oportunidad de crecer.Entre todas las relaciones que he tenido, la que tuve con Mariela Didié Gutiérrez Carrera fue una en que estuve muy cómodo. Creo que es la relación más entrañable que tuve. Me sentí muy bien. Quizá porque sabía que iba a terminar, porque sabía que era pasajero.Ya en mi casa, solo como nunca, sentado sobre mi sofá y con los ojos cerrados, comencé a recordar. Un torrente de imágenes cruzaron mi memoria mientras John Legend apretaba mi garganta con ‘Ordinary People’.Una de esas fotografías fue aquella cena en ‘Ninfa’s’ en que le dije a su padre que quería tanto a su hija que la dejaba ir. No quería más problemas con su mamá, que le hacía la vida imposible a ella, tanto, que Mariela llegaba al trabajo con los ojos hinchados de tanto llorar. Su fracaso matrimonial la hizo rehén de su madre.Mariela era como mi alma gemela. No teníamos que hablar para saber qué pensábamos. Eso es bastante para dos seres humanos.Que Dios la bendiga por siempre.


Arturo Morales Romani.

lunes, 22 de octubre de 2007

casi nunca
la luz oscurece
tu rostro

esa luz baila ausencias

como caminar
haciendo pasos
como llorar
haciendo lágrimas

el tiempo dejará su marca
en un gesto


¿hasta cuándo?

domingo, 14 de octubre de 2007

Ciégate

Ciégate para siempre:
también la eternidad está llena de ojos-
allí
se ahoga lo que hizo caminar a las imágenes
al término en que han aparecido,
allí
se extingue lo que del lenguaje
también te ha retirado con un gesto,
lo que dejabas iniciarse como
la danza de dos palabras sólo hechas
de otoño y seda y nada.

Paul Celan.

lunes, 8 de octubre de 2007

nunca vimos el mar...

entonces quedaron las ausencias. las torpezas. las fotos entrecortadas. la cama sin hacer.
allá permanecerán sepultadas las ratas de los poemas.
él heredará tu sonrisa, tu falacia de mujer protagonista, tus horrores. heredará mis miedos, las caricias que nunca te di, las incertidumbres de una neblina pasajera.
él será tu paladín. como tantos otros o como ninguno más.
acá se arrastran los gusanos de tu cadáver. acá las sombras caminan por el cementerio. la poesía tiene las garras de un águila. lo escribo. lo evoco. lo provoco. porque hay ciertas noches en las que la bebida no alcanza y los cuerpos repugnan. hay ciertas noches que se echan como un perro sobre el alma.

¿sabías?

La Dama

                               S é que tuvo décadas felices, donde nadie sabía a qué se dedicaba, años en los que vestir un traje ca...