jueves, 20 de septiembre de 2007

cara y cruz

a cierta hora, la noche es una mancha de petróleo irreductible. esa es la hora de los hombres erectos, de los ojos vidriosos y del aliento a metal. allí está tu cuerpo tendido en una cama con sábanas de seda. ella está en el baño lavándose lo que te cobró hace instantes.
allí estás, perro solitario, hambriento de manos salvajes. ella se acerca gateando en las esferas de la ferocidad y te pregunta qué es lo que más te gusta. esa es la hora en la que nadie sabe que estás ahí, en la que sos un criminal. un clandestino. una carcajada. ella hace todo lo que tiene que hacer y en la calle las ambulancias esconden los tatuajes de sus muertos.
estás detrás de las escenas y ella debajo del instinto.
todo termina como empezó. una paladar sin saliva. una esquina con nombre compuesto y una breve conversación con un taxista.


a esa hora los teléfonos enmudecen.

1 comentario:

dominga dijo...

Felicitaciones Andres, hasta ahora, sin duda, es lo mejor que has publicado en este blog.
Muchas gracias por el momento.