jueves, 12 de julio de 2007

Una mirada sobre lo ausente.

Lo abierto en lo cerrado




Cuando la Palabra se nombra como tal surge el objeto articulado desde esa voz. En la palabra luz está la luz. En la palabra rosa está la rosa. Un sin fin de objetos forman y deforman un lenguaje. Desde esas significaciones, el hombre trata de entender el mundo. El hombre es el mundo. Lo que escapa, aquello que se pierde en toda creación, es el silencio. Lo silente vive en el mundo sin estar en él. El silencio solo nombra al silencio. El silencio se aproxima a Dios sin ser dios. Entre el mundo y el silencio o entre la cuestión silente y la Palabra, comulga lo ausente. Lo ausente no es la falta de un cuerpo en el espacio o el desplazamiento de un objeto hacia otro. Lo ausente es el verdadero andamiaje de lo poético.
Desde lo ausente se amordaza al silencio. Desde lo ausente, Dios es redención. Desde lo ausente el mundo interpretado -abusando de la terminología de Rilke- colapsa hacia lo poético. La poesía es un estado del alma humana que despierta a la cosa como tal. La inicia en el camino del lenguaje. La poesía es la energía que trae al mundo el pulso de la cosa. El acto poético no recae en el objeto como tal, sino en el objeto antes de ser tal.
Lo ausente es en sí lo poético. Lo ausente es la palabra por venir, la manifestación del silencio, de un silencio vestido de desnudez.
En el amor lo ausente es una tragedia. El cuerpo y el alma despreciados por el ser amado sufren una transformación: un ser abandonado en el amor no encuentra consuelo. Esa agonía, esa lucha por el espacio del otro, es lo que más se aproxima al despertar de lo poético. La cosa en sí desea ser Mundo; el Mundo en sí le impide a la cosa ser; entre la cosa y el Mundo esta la fuerza de Eros erosionando a la cosa con el lenguaje del Mundo. El Mundo y la cosa se fusionan para volver a separarse. Materia. Antimateria. Y así los ciclos se abren y se cierran. Lo abierto se abre en lo cerrado. Lo cerrado se despliega en lo abierto.
Lo poético es el dolor de la cosa en el mundo. Dolor entendido como latido, como manifestación, como celebración.
El amor vivido desde la ausencia, es en sí el bautismo de lo poético sobre el Mundo.


“...Arroja de tus brazos el vacío y añádelo a los espacios que respiramos; tal vez
los pájaros sientan el aire ensanchado con el vuelo más íntimo”...

Elegías de Duino.
Rainer Maria Rilke.

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