viernes, 13 de julio de 2007

des-prendimientos

es de noche. estoy sentado detrás de algunos libros. escribo en minúscula. escribo para olvidarme por unos segundos de ella o de mí o de aquel perro vagabundo que ronda en mis ojeras. escribo para ese can sarnoso que me escarba hasta el hueso. escribo desde un espacio aliterado, desde personajes que nunca más volveré a ver ( para qué, si ellos no me necesitan. para qué, si esa necesidad se fundamenta en el olvido). a ellos también les escribo, los cito, los fagocito... los excreto.
a cierta hora, el silencio hace temblar las lámparas del tiempo. lo que era ahora es otra cosa (¿devenir?¿evento?¿suceso?¿multitud?). o nunca llegamos a ver la cosa. o ver y mirar se diferencian en la cosa. o la cosa es la cosa y yo soy un trabalenguas de incongruencias.
la noche es gris. el perro enmudece. (sonrío desde el cuento “no oyes ladrar a los perros”). sus patas tensan los objetos. estoy solo. bebo. huelo mis axilas. trato de encontrarme con lo desprendido, con aquellos destellos en la oscuridad del alma, con ese inicio que prendió el único fuego. desde lo desprendido me hallo en otra habitación, en otro paraje rodeado de otras voces. entiendo poco. (¿para qué entender?). (el perro sacude levemente el lomo, una mosca sobrevuela lo incierto).
me pregunto sí acá también estarás o cómo será tu cara o cuáles serán tus miedos. acá no hay acá. lo próximo se aleja. lo cercano nos nombra. desde lo nombrado acontecemos.
ir es un no llegar. ¿dónde estoy?. ¿desde dónde escribo?. el perro bosteza, le inquietan algunos sonidos.algo intuimos. algo sigue rondando.
es de noche. tus perros ladran.

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