miércoles, 11 de julio de 2007

aliteración (fragmento)

Son estas madrugadas de verano en las que salgo a caminar para encontrar un algo o un cómo o un quién para compartir no sé qué cosas. Son estas horas de enero en las que los recuerdos danzan sobre la sierra de la carnicería, huesos de nombres, apellidos ahorcados en los ganchos de una rueda sin fin, luces colmadas de insectos. Camino haciendo rodar un cuerpo sobre una vereda negra. Y me doy cuenta que nunca pude salir de este cuarto, de estas hojas, de esta lapicera, de estos malditos libros, de esta maldita luna. Encerrado en estas cuatro paredes me trago una botella de llaves y cerraduras y espero la llegada de algún otro que pueda rescatarme.
Pero a una determinada hora, ese otro también es un yo interrogante, ese otro es un buitre de alas grises que golpea los ventanales de mi cárcel exigiéndome a mi esqueleto macerado por el whisky, el último baile. Y bailamos, con las mejillas pegadas y las nalgas transpiradas, bailamos hasta que del cielo brota una lengua de fuego y nos quema, nos reduce a ciertas muecas, nos contrae a ciertas posiciones y nuestra fiesta se acaba y nuestras bocas se sellan y nuestros ojos se dilatan hasta convertirse en una sombra.

Antes de salir a caminar enciendo un cigarro.

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